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la verdad os hara libres

La despedida final

Juan me había llamado antes y me había preguntado si yo podía encontrarme con él alrededor de las seis de la tarde en el parque donde todo este viaje comenzó.

Vi su figura conocida sentada en la banca donde tuvimos nuestra primera conversación hace cuatro años.

Juan me había llamado antes y me había preguntado si yo podía encontrarme con él alrededor de las seis de la tarde en el parque donde todo este viaje comenzó. En el camino allá pensé en todo lo que Juan y yo habíamos pasado durante estos años y sonreí, agradecido por su sabiduría y compasión. Nuestra relación había cambiado mucho durante este tiempo. Yo ya no tenía esa necesidad desesperada de llenarle con preguntas. Yo había llegado a simplemente disfrutar de su amistad. ¡Pero qué amistad! De cada encuentro con Juan yo salía sintiendo que mi confianza en el Padre había crecido tremendamente.

Salí de mi carro y sentí el viento fresco de la primavera en mi cara. Con el viento llegó un olor dulce a flores de limón desde una plantación cercana. Cuando me acerqué al lugar donde estaba Juan, le encontré en una conversación animada con un joven que parecía estar en medio de sus ejercicios físicos. Continuaba trotando en el mismo lugar mientras conversaban. Cuando llegué, ellos se dieron la mano sonriendo, y el joven continuó su carrera. Juan saltó de la banca para darme la bienvenida.

"Hola Jacob. Gracias por tener tiempo. Quise verte una vez más antes de irme."

Nos abrazamos. - "¿Antes de irte? Tú siempre te vas."

"Esto es cierto", sonrió. - "Pero normalmente no tan lejos."

"¿Realmente? ¿Adónde te vas?"

"Voy al extranjero por un tiempo, a visitar a algunas personas en Africa, y pienso que no volveré acá de esta manera. Por eso quise pasar un tiempo contigo una vez más."

Mi corazón quiso desmayarse. No podía imaginarme una vida sin sus visitas que me animaban. - "Siento oírlo", dije. - "Pero mi pérdida seguramente será la ganancia de ellos. Estoy seguro de que ellos serán tan bendecidos al conocerte como yo lo fui."

"No siempre sentías esto."

Fue fácil recordarme de cuánto la presencia de Juan me frustraba en aquellos primeros días. Cuánto más le escuchaba en aquel tiempo, más mi vida parecía hacerse pedazos.

"Sí, no fue fácil al comienzo. Realmente me trajiste problemas."

"Oh, no, eso no hice yo. Yo nunca te dije que hicieras algo. Yo simplemente hice algunas observaciones y algunas preguntas, y te di algunas opciones. Las decisiones eran todas tuyas."

"Me doy cuenta de esto, pero el resultado no siempre fue bueno."

"¿Cómo pudo serlo? Tú tenías dos deseos que estaban en conflicto el uno con el otro."

"¿Qué quieres decir?"

"Tú tenías esa hambre increíble de conocer a Dios y seguirle. Pero también querías vivir en circunstancias seguras y ser aceptado y querido por la gente. Eso no es compatible con seguirle a él. Estamos seguros solamente porque él está con nosotros, no porque las circunstancias son fáciles. Mientras intentabas lograr que todos te querían, no pudiste ser la persona que Dios te hizo. Cuando comenzaste a seguir tras lo que Dios puso en tu corazón, el otro reino tuvo que colapsar. Fue inevitable, aunque fue duro. Nunca es fácil ver a personas pasar por este proceso."

"Pero es bueno tener estos días en mi pasado."

"¡Eso sí, Jacob!", dijo Juan, riéndose.

"Yo no tenía ninguna idea de cuán real Jesús podía ser para mí y para mi familia. No tenía ninguna idea de cuán equivocada era mi manera de pensar acerca de él. Me gusta la manera como ha resultado todo. Aunque fue muy doloroso, puedo decir que esta es la vida que mi corazón siempre buscaba. Aun mis mejores días dentro de la religión humana me dejaron un poco vacío, y siempre estaba frustrado de que yo debía hacer más, y que Dios también debía hacer más. Ya no tengo esta frustración. Incluso en los días difíciles estoy agradecido por lo que Dios hace en mí, para que yo pueda vivir más libremente en él. Cada noche cuando nos acostamos, Laura y yo estamos agradecidos por la manera como Dios obra en nosotros y en las personas con quienes él nos trae en contacto."

"Esto es maravilloso. Saber contentarse es uno de los mejores dones en este viaje."

"Y es aun más que esto. Antes yo estaba tan enfocado en lo que yo quería de Dios, y cómo lograr que él iba a cumplir mis deseos. Ahora simplemente deseo conocerle a él y dejar que él me cambie, para que se vea su reflejo en mí. Es difícil explicarlo. Antes yo intentaba actuar como un cristiano. Ahora encuentro que hago y digo cosas que aun me sorprenden a mí mismo. El me cambió, Juan, y no es por nada que yo hubiera hecho."

"Así es como debe ser, Jacob."

"Solamente lo siento que yo haya demorado tanto tiempo para comprender todo esto."

"El tiempo no le preocupa al Padre, Jacob. El disfruta de arreglar cosas en nosotros, aunque demore. Lo que aprendiste ahora, nadie te lo podrá quitar, no importa adonde Dios te envíe y con quien te haga caminar."

"Esta vida en Cristo es todo lo que Laura y yo siempre esperábamos. Pero nada de esto encaja en los paquetes donde siempre esperábamos encontrarla. Tuve un encuentro increíble ayer, Juan, que me deja asombrado de la manera como Dios trabaja."

"¿Qué sucedió?"

"Tuve una diligencia en la corte y no me gustó mucho ir allí. En la sala de espera estaba leyendo el diario, cuando entró una hermosa mujer joven y se sentó justo en la silla a mi lado. No tenía idea de lo que ella quería, pero me volteé para saludarle. Me dijo que se llamaba Nicole. Después de conversar un poco acerca de nuestros trabajos, familias, y frustraciones con la corte, no vi más propósito en la conversación y volví a leer.
Pero entonces ella agarró mi brazo y comenzó a llorar. Me dijo que ella pensaba que su padre la odiaba. Cuando la pregunté por qué, me contó acerca de una pelea horrible que habían tenido la noche anterior. Al enterarme de los detalles, me parecía que ella había malentendido lo que su padre le estaba diciendo. Pude escuchar palabras que yo mismo había dicho a mi hija, y sabía que la intención no era como ella lo tomó. Sugerí que ella quizás estaba malentendiendo a su padre.
Intenté ayudarle a verlo desde la perspectiva de su padre. Ella se sorprendió al pensar que quizás todo lo había entendido mal. '¿Entonces piensas que mi padre me ama?', preguntó. Le dije que no le conocía y que solo ella podía responder esta pregunta, pero que valía la pena descubrirlo. Ella me dijo que iba a buscar a su padre después de terminar su diligencia, para descubrir qué era lo que él realmente quiso decir."

"Esto es grandioso", dijo Juan.

"Todavía falta la mejor parte. Unos minutos después le tocó su turno a ella. Ella se levantó y se despidió de mí. En este momento sentí un impulso de preguntarle cómo era su relación con su Padre celestial.
Ella se vio confundida; obviamente no comprendió de qué hablaba yo. Por fin preguntó si yo me refería a Dios. Le dije que sí. Nunca olvidaré su respuesta, porque ella casi gruñó: 'He crecido con todo esto. Le odio.'
Le sonreí y dije: 'Nicole, así como podrías estar equivocada acerca de tu padre en la tierra, estás muy equivocada en cuanto a tu Padre celestial. Tienes un Padre que te ama más de lo que cualquier persona en este planeta te amó o te amará.' - Su cara se iluminó con asombro, y me preguntó si esto realmente pudo ser verdad; y si era verdad, qué era lo que ella debía hacer. Ella tuvo que entrar inmediatamente, por eso solamente pude decir: 'Si yo fuera tú, al salir de estas puertas pediría a Dios que si el te ama tanto como yo dije, que él se te haga conocer.' - Ella me aseguró de que lo iba a hacer, y se fue. Yo sé que Dios tiene sus ojos puestos en ella, y disfruté de ser parte de una conversación como esta, y después no me arrepentí de nada de lo que dije o no dije."

"Cuánto más estamos en paz con nosotros mismos, más fácil es para Dios utilizarnos para tocar a otros. ¡Qué historia tan fabulosa!"

"Y no estoy solo. Hay tantos otros que están aprendiendo a vivir este viaje en libertad y gozo. ¿Te acuerdas del grupo en casa donde nos visitaste?"

"Sí me acuerdo, y te iba a preguntar ¿qué resultó de ello?"

"No sé como responder. Seguimos encontrándonos, pero de manera irregular. No se parece a las reuniones que teníamos. Hemos aprendido a vivir más como una familia, y a dar tiempo a las personas que Dios trae a nuestras vidas. Mi historia con Nicole es solo una de muchas que experimentamos, mientras Dios nos usa como un regalo para otros. Laura y yo comenzamos a reunirnos con un grupo de nuevos creyentes los martes por la noche. Ellos nos pidieron ayudarles a arreglar su propia relación con Dios. Estos son de los tiempos más hermosos que tenemos."

"¿Y Bryce?"

"Todavía no sé en qué terminará eso. Seguimos encontrándonos y tenemos unas conversaciones grandiosas. El sigue creciendo, pero está atrapado entre la realidad de su corazón y las expectativas que los demás tienen de él. Esto crea un poco de división entre aquellos que comparten su hambre, y aquellos que se sienten amenazados por eso. El próximo mes será crítico para él."

"¿Te mantendrás cerca de él?"

"Absolutamente. Aunque el camino que él tiene por delante será difícil, no importa lo que suceda."

"Después de todo lo que pasaste, no me sorprendería si quisieras escapar de una situación como esta."

"Una parte de mí quiere hacer eso. Pero de ninguna manera puedo dejarle solo al pasar por esto."

Justo en este momento escuchamos unas voces levantándose cerca de nosotros. Aun antes de comprender el contenido, pudimos escuchar la tensión y el enojo. Vimos a casi una docena de personas caminando en nuestra dirección, con canastas de merienda, mientras sus niños se esparcían para jugar en el parque. Los adultos se dirigían hacia los árboles, detrás de nuestra banca. Mientras se acercaban, pudimos escucharles más claramente.

"Si tengo que aguantar otro culto más, creo que me moriré."

"¡Y yo también!", respondió su amigo.

"¡Tengan cuidado con esta manera de hablar!", dijo una de las mujeres.

"¿Por qué? ¿Acaso me va a caer un rayo?"

"No, pero el pastor podría enterarse, y entonces te arrepentirás haberlo dicho."

"La primera vez que llegué a esta iglesia, parecía tan llena de vida, y sentí que la gente realmente se preocupaba unos por otros. Pero ahora todo es solamente culpabilidad. Parece que nunca hacemos suficiente para Dios. Ya estamos ocupados cuatro noches por semana. Estoy exhausto. Ya no tengo nada más que dar."

"Bueno, entonces quizás él no estaba hablando de ti."

"¿No? ¿Entonces por qué me siento tan culpable?"

"No sé. El tiene buenas intenciones, y aunque quizás a veces se equivoca, él sigue siendo el ungido de Dios."

"Si vuelvo a escuchar esto una vez más ..." comenzó a decir un hombre, pero fue interrumpido.

Las palabras expresaron tanto dolor que me volteé para ver de dónde venían. Fue la señora más baja del grupo. Se había callado hasta entonces, pero ahora las palabras reventaron de su boca como el agua de un dique roto: "El ungido de Dios, qué tontería. El está allí para construir su propio reino, y los ancianos como ustedes se quedan sentados y le dejan hacerlo. Esto me está destruyendo a mí y a mi familia, y a nadie le importa."

Algunos de los demás se quedaron boquiabiertos en silencio. Pareció que la mujer misma también sintió el choque de sus propias palabras. Enterró su cara en sus manos y comenzó a llorar. Dos mujeres se acercaron para consolarla; los demás se quedaron como congelados.

Volví a mirar a Juan. Sus ojos estaban cerrados como en oración, y su cara expresaba dolor. Al mirarme, sonrió por un momento muy breve. "¿Quieres tú manejar esto, o quieres que yo lo haga?"

"¿Manejar qué?" pregunté, porque no sabía a qué se refería.

Juan movió su cabeza hacia las personas detrás de nosotros. Un silencio incómodo había invadido el grupo. Solo algunos comenzaron a abrir sus canastas y sacar su comida.

"No podemos interrumpir de esta manera."

"En este momento creo que no lo tomarán como una interrupción", dijo Juan.

"¿Quieres que les hable?" - No podía imaginarme cómo hacer esto.

"Bueno, pienso que te toca a ti hacerlo, si estás dispuesto", dijo Juan con una sonrisa. - "Yo de todas maneras tengo que irme."

Con esto, él se levantó y yo también. - "Chau, Jacob." - Lo dijo de una manera tan definitiva que las lágrimas brotaron en mis ojos.

"¿Te volveré a ver?"

"No es probable", dijo. - "Por lo menos no en este lado de la eternidad."

"Gracias por todo lo que hiciste por mí", dije, suprimiendo las lágrimas. - "No puedo imaginarme como hubiera sobrevivido todo esto si tú no hubieras estado a mi lado."

"No fui yo, Jacob", dijo Juan. "Fue el Padre todo el tiempo, y él tiene muchas maneras de hacer lo que hace."

"Es igual, me alegro de que hayas sido tú."

"Yo también me alegro de que fui yo. Ahora hay otros que necesitan tu ayuda, Jacob, si estás dispuesto", dijo Juan, señalando a las personas detrás de nosotros.

"Estoy dispuesto, pero no tengo ninguna idea de qué decir."

"Te será dado. Simplemente anda y ámalos."

Con esto, Juan golpeó mi hombro y se fue. Le miré alejándose, y por fin supe la respuesta a la pregunta que me había perseguido por tanto tiempo. Supe ahora quién era Juan, y la respuesta era tan increíblemente sencilla. Sacudí mi cabeza con un suspiro.

Después me volteé hacia la gente y seguí pensando en algo que podía decir. En este momento, uno de los hombres apuntó con su dedo a la mujer que había expresado su dolor: "Deberías avergonzarte de ti misma, Sally. Jesús nunca hablaría así."

En este momento, las palabras vinieron a mi mente, algo que había escuchado hace mucho tiempo en lo que ahora parecía como otra vida.

Me metí entre el grupo pequeño, y tan amablemente como podía, pregunté: "Ustedes realmente no tienen ninguna idea de cómo es Jesús, ¿es cierto?"

Y con esto comenzó otra conversación, y un montón de historias que no tengo el tiempo de contarlas.

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