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El Pacto Abrahámico

La ratificación de lo que llamamos el Pacto Abrahamico, o, el Pacto de Fe, la encontramos el Génesis 15. No se halla ni una palabra sobre el diezmo. Abram trajo: una becerra de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un palomino. Los corto a todos por la mitad excepto los pájaros, ahuyentaba a las aves de rapiña y se quedó dormido.

La ratificación de lo que llamamos el Pacto Abrahamico, o, el Pacto de Fe, la encontramos el Génesis 15. No se halla ni una palabra sobre el diezmo. Abram trajo: una becerra de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un palomino. Los corto a todos por la mitad excepto los pájaros, ahuyentaba a las aves de rapiña y se quedó dormido. Luego “Sucedió que puesto el sol, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos” (Génesis 15:17) Aquí vemos la ratificación del Pacto Abrahamico. Dos luces pasaban por entre los animales mientras Abraham dormía. Aquí está el Pacto de Fe... todo de Dios. El hombre duerme. El hombre nunca puede entrar en un pacto con Dios porque siempre lo rompe. Dios dio la Ley Mosaica para probar esto. Por eso en el Pacto Abrahámico, vemos un acuerdo hecho solo entre uno, Dios con él mismo, mientras Abraham dormía. No hay diezmo aquí.

Jacob

Volvamos a nuestra búsqueda del diezmo en el Antiguo Testamento, vemos que la palabra diezmo se encuentra en Génesis 28:20-22: Jacob también hizo un voto diciendo: --Si Dios está conmigo y me guarda en este viaje que realizo, si me da pan para comer y vestido para vestir, y yo vuelvo en paz a la casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Esta piedra que he puesto como memorial será una casa de Dios, y de todo lo que me des, sin falta apartaré el diezmo para ti.”

Jacob, el nieto de Abraham, pasó la noche a un lugar llamado Luz (árbol de almendra). Tuvo un sueño increíble en que Jehová reafirmó la promesa que hizo con Abraham. Jacob ungió la piedra donde reposó su cabeza cuando durmió y llamó el lugar Bethel, que significa "casa de Dios". En este punto, Jacob trató de hacer un negocio con Dios. Lo qué vemos aquí, es típico de Jacob, si me beneficio - entonces doy.

Si Abraham había enseñado a sus hijos el diezmo, entonces Jacob no tenia que tratar de hacer un negocio con Dios. Si me das todo lo que quiero, yo te devolveré el 10%. Jacob, hace una promesa condicional a Dios, si me beneficio - entonces doy. No hallamos a Dios contestando a Jacob. (Jacob también llamó a una piedra que él untó con aceite la "casa de Dios.") ¿Es esa piedra la "casa de Dios"? Si vamos a ser literales, entonces permítanos ser consecuentes. O la piedra es la "casa de Dios," (o Jacob aún tenía que crecer espiritualmente.)

Mientras encontramos a Jacob jugando a "hagamos un trato," con Dios, no hallamos ni un solo pasaje en la Biblia que declare que el trato se hizo o que el trato pasara a su descendencia. El hecho de que él tratara de negociar con Dios no tiene nada que ver con nosotros, excepto por el hecho de que muchos de nosotros parecemos tener la misma naturaleza de Jacob y parece que jugamos a los mismos juegos con Dios que Jacob jugó. Hay muchas verdades que podemos aprender de Jacob quien un día llegara a ser Israel, pero diezmar es algo que no podemos aprender de él. No hay nada escrito donde Dios le haya ordenado el diezmo, no hay nada escrito que demuestre que él lo hizo.

José

Si hubo una oportunidad concluyente de Dios para mostrarnos que estaba interesado en el 10% de los ingresos brutos, con José tuvo una ocasión perfecta de dejarlo absolutamente claro. Si usted recuerda, José interpretó un par de sueños que pronosticaban 7 años de buena cosecha seguidos por 7 años de hambre. José, “un hombre en quien estaba el Espíritu de Dios” (Génesis 41:38) dijo al Faraón que recaudara un quinto del grano en los 7 años de abundancia para sustento durante los 7 años de hambre. Estoy seguro que hay grandes verdades que podemos escudriñar en el Capítulo 47 de Génesis pero debemos seguir con el tema del diezmo.

Como el hambre aumentó, José vendió grano a los que vivían en Egipto y Canaán, hasta que José recaudó todo el dinero que se halló en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán. El hambre continuó. Los Egipcios entonces vendieron todo su ganado a José. Al final de ese año vinieron a José nuevamente. En este tiempo compró sus tierras y sus mismos cuerpos a cambio de comida. A estas alturas, el Faraón gracias a la administración de José, poseyó todo en Egipto exceptuando la tierra de los sacerdotes. El Faraón les había dado gratuitamente comida a lo largo de todo este tiempo y por eso no vendieron sus tierras.

José tuvo en ese momento de la historia, una oportunidad perfecta para crear un sistema económico perfecto. ¿Qué hizo él? ¿Instituyó un "diezmo"?

Después de todo, si diezmar era un mandato de Dios en el sistema patriarcal, aquí tuvo José la oportunidad perfecta para establecer el sistema en todo Egipto. Después todos los descendientes de José iban a pasar los próximos siglos en Egipto. Tuvo una oportunidad perfecta de crear un ambiente en el que Jehová los bendijera y no los maldijera. Entonces, ¿Estableció un diezmo del 10% de los ingresos brutos o netos? ¡No! José primero que todo no devolvió al pueblo Egipcio sus posesiones. El capitalismo estaba descartado. Les dio semillas para que sembraran en la tierra que ahora pertenecía al Faraón. Entonces, de la cosecha de las semillas dadas por el gobierno, el 20% fue para el Faraón como era su deseo. A los ciudadanos de Egipto se les permitió que se quedaran con el otro 80%. El pueblo permaneció sirviendo al Faraón.

“Entonces José instituyó como ley en la tierra de Egipto, hasta el día de hoy, que la quinta parte pertenece al faraón. Solamente la tierra de los sacerdotes no llegó a ser del faraón.” (Génesis 47:26)

Se debe señalar que no hay ni un sólo indicio en la Biblia de que durante el tiempo que Israel paso en Egipto estuviera bajo un sistema diferente al que José estableció. Para los que ven tipos y sombras en el Antiguo Testamento, muchos ven en José (significa “Él añade”) como un arquetipo de Jesucristo. Hay muchas cosas que aprender aquí, pero el diezmo no es una de ellas.

Ahora, un 20%, es un impuesto razonable y probablemente saludable para garantizar el funcionamiento de un gobierno. La mayoría de los países de esa época no estaban estructurados como los gobiernos de hoy. Los que enseñan el diezmo, no nos dicen que no existía tal cosa como la separación entre la iglesia y el estado en esa época de la historia. Los reyes y Faraones eran reconocidos frecuentemente como dioses. Esos reinos eran teocracias. Lo qué el rey cobraba al pueblo podía usarse para cualquier cosa desde construir caminos, pagar maestros, hacer guerras, o edificar templos. Como dije, no había separación entre iglesia y estado.

Lo qué José estableció, nos guste o no, era un sistema económico que prohíbe la propiedad privada de la tierra, con un impuesto del 20%. No olvide, que el Espíritu de Dios estaba en él.

No encontramos un 30 a un 40% de impuestos para el gobierno, y después el diezmo, un 10% más para los sacerdotes (pastores) ¡José no instituyó un diezmo del 10% de todo porque Dios no lo requirió! El Faraón, sin embargo, necesitó recaudar los impuestos para que el gobierno funcionara.

Con esto termina cualquier versículo que tenga relación acerca de lo qué nosotros hemos llamado diezmo, con anterioridad a la institución de la Ley Mosaica. Claramente, si Dios instituyó un 10% como el diezmo con anterioridad a Moisés, o los personajes Bíblicos lo ignoraban, o Dios no lo dejó muy claro. La verdad es que Él nunca lo exigió o sugirió.

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